Además de su valor estético, los zócalos cumplen una función práctica: protegen la parte baja de la pared, que suele recibir roces y golpes al limpiar. Aunque a veces se los considere un detalle menor, son un recurso importante a la hora de diseñar.
En NOI creemos que cada detalle suma a la personalidad de un espacio: los zócalos pueden acompañar discretamente al piso, generar un contraste elegante o incluso desaparecer para dar mayor protagonismo a otros elementos.
En esta nota vamos a recorrer las distintas opciones y características de cada elección, para ayudarte a definir cuál es la mejor solución para tu proyecto.
1. Espacios sin zócalo
Una elección cada vez más frecuente en proyectos contemporáneos y minimalistas.
Al prescindir del zócalo, el piso se une directamente con el muro, logrando continuidad y pureza en las líneas. Requiere una colocación muy prolija y pintura cuidada en los muros, pero el resultado es sumamente actual.
Ideal para espacios abiertos con bajo tránsito o sin mucho roce.
Foto 1 y 2: espacios sin zócalos.
También es importante considerar qué sucede en la pared: si está revestida (por ejemplo, en un baño con azulejos o con cemento alisado), el espacio puede resolverse sin zócalo.
Foto 3, 4 y 5: espacios con revestimiento de pared (cerámica y cemento alisado).
2. Zócalos de mosaico calcáreo
Son los favoritos cuando se busca continuidad estética con el piso.
Con nariz: un pequeño borde superior deja a la vista el color del mosaico, con sus matices propios de lo artesanal. Perfectos para quienes disfrutan la autenticidad del material. Pueden ser lisos o romanos, para diseños más clásicos.
Sin nariz: el canto se enduye y se pinta por completo, logrando una terminación uniforme y prolija.
Al igual que los mosaicos, se deben presellar, empastinar y sellar para garantizar su durabilidad.
Foto 6: zócalo liso con nariz / Foto 7: zócalo liso con nariz.
Foto 8: zócalo romano
Foto 9: continuidad visual con la misma trama del piso / Foto 10: zócalo con la misma medida que el piso, generando un diseño especial y un ritmo visual en el perímetro.
3. Zócalos graníticos
Aportan resistencia y un acabado refinado.
Se entregan con pulido fino (180 grs) y ofrecen dos variantes:
Con bisel: dejan ver el color natural del mosaico en el borde superior, con la riqueza de sus variaciones. En obra se colocan, se empastinan las uniones, se limpian y se sellan.
Sin bisel: permiten un acabado completamente uniforme, ya que el canto se enduye y se pinta. También requieren colocación, empastinado, limpieza y sellado.
Foto 10: zócalo con bisel / Foto 11: zócalo embutido sin bisel
4. Otras materialidades
El zócalo no siempre tiene que ser del mismo material que el piso.
En algunos proyectos se utilizan zócalos de madera, una opción cálida y práctica.
Su ventaja principal: son fáciles de colocar y reemplazar, además de aportar textura y contraste al espacio.
Foto 13 y 14: zócalos de madera liso y con moldura.
Pensar los zócalos desde el inicio
Más allá de su aporte estético, los zócalos protegen la pared de roces y golpes cotidianos.
Por eso, aunque parezcan un detalle secundario, deberían pensarse desde el inicio del diseño.
En NOI creemos que cada proyecto requiere su propia solución: zócalos que acompañen, contrasten o incluso se omitan para dar protagonismo a otros elementos, siempre cuidando la terminación y la personalidad del espacio.
Conocé más sobre nuestras opciones de zócalos calcáreos y graníticos.